domingo, 27 de febrero de 2011

VICTOR BLAYA QUERO "EL CHARICO"



     El 1 de enero del 2008 en el Hospital Granadino de San Juan de Dios donde permanecía ingresado  desde hacía un año y medio,  nos dejaba un gran cantaor Víctor Blaya Quero "El Charico". 
     Por sus condiciones y jondura estaba destinado a llenar paginas de gloria con su eco magistral de cantaor rancio de antaño.
    Esta mañana, he tenido la necesidad de escucharlo y disfrutar de su cante, ese con el que nos deleito en esa final mágica del Festival del Cante de las Minas. El cual tuve la suerte de producir en el doble DVD "Festival Internacional del Cante de las Minas- Premios 2003-2006" . 
   Añadiendo también ese homenaje que a petición de mis amigos granadinos de La Peña Flamenca "La Platería", le rendí como muestra de mi admiración al genial cantaor.
    Aunque ya lo hemos publicado con anterioridad en este blog, creo que el arte de Charico debe de ser recordardo para el bien de la afición.


A VÍCTOR BLAYA QUERO “EL CHARICO"
   CANTAOR GIGANTE, EN UN CORAZÓN DE NIÑO.
ARCHIVO FESTIVAL CANTE DE LAS MINAS
           “¡Paco, que no!, ¡que no sé lo que le ha pasao!, ¡que este niño cuando se dé cuenta de lo que tiene…!, ¡cuando este niño se decida a cantar por granaínas… acaba con tó el mundo!. ¡Mira, desde que tenía 14 años, que escuché cantar a Caracol en Graná, no he escuchao un cantaor con más verdad!”.

           Esas fueron las palabras de mi buen amigo Antonio Gallegos cuando por fin escuché por primera vez a Charico.

           Me había llamado notablemente la atención que tiempo antes, en mi visita al bello pueblo granadino de Montefrío para participar como ponente en las jornadas en recuerdo a mi admirado Manolo Ávila, se me acercara Gallegos y me dijera:”¡ hay un cantaor en Graná, que quita el sentío, no se puede ser más flamenco cantando, tiene el compás asimilado desde que iba en el vientre de su madre, madre mía si este niño se diera cuenta lo que tiene dentro, el día que se de cuenta…!”.

            A mi memoria vino el recuerdo de algo que mi padre me había contado siendo yo muy niño, y que aún lo recuerda cada vez que profundizamos en esta pasión nuestra que es el flamenco. Como he dicho, mi padre el “Niño Alfonso”, cantaor unionense, que artísticamente gozó de cierto prestigio entre los años 50 y 70, y que por su afición y dedicación tuvo la oportunidad de alternar con las más prestigiosas figuras del momento. Recuerda con especial cariño una conversación con Pepe Marchena en la rueda de prensa, que éste daba en los salones de un prestigioso hotel  cartagenero, el 12 de Junio de 1965, con motivo de la celebración del segundo Concurso Nacional de Cante por  Cartageneras, al que el anunciado maestro de maestros, venía como estrella estelar fuera de concurso, junto a otros cantaores  como Jacinto Almadén y Manolo el Malagueño. En el apartado de artistas que componían la nómina de inscritos en el concurso, junto con  algunos de los más reputados cantaores locales de La Unión y Cartagena de ese tiempo, se reunía  un importante elenco de intérpretes de diferentes épocas, algunos ya casi en el ocaso de su carrera; otros sin embargo nueva savia flamenca que una vez elaborada sería parte del futuro más inmediato del arte flamenco. Este elenco compuesto por célebres nombres, con una calidad fuera de cualquier duda, hoy impensable en un concurso de estas características, lo formaban  entre otros artistas de la talla de Bernardo el de los lobitos, Canalejas de Puerto Real, (ganadores del primer y segundo premio respectivamente), Palanca y un jovencísimo Enrique Morente entre otros.

           “¿Ves a ese muchacho?, ¿lo conoces?”, al responderle que no, el maestro de Marchena le dijo, “ese joven es Enrique el Granaíno, y es el mejor cantaor que he escuchado nunca, el que va a acabar con todos nosotros el día que ya no estemos aquí”.

           Tras las afirmaciones sobre Enrique Morente que hace más de 40 años vaticinó el gran José Tejada, se escondía al menos para mí algo más importante, ¿qué le lleva a un maestro excepcional a afirmar con tanta rotundidad que un joven cantaor va a ser el mejor de todos los tiempos?.  Y cuando fui creciendo, educándome en el cante, escuchando a infinidad de cantaores, disfrutando, riendo y llorando con cada uno de ellos, cuando mediante la expresión única de un cantaor y una guitarra pude sentir todas las alegrías, sinsabores, nostalgias y melancolías del arte flamenco, lo comprendí. Tal vez en Pepe Marchena, despertaba el joven granaíno un sentimiento nuevo, tan fresco y a la vez tan antiguo, que desprendía un aroma creativo de un tiempo que él ya había olvidado, o quizás presagiaba en él una grandeza que aún estaba por venir.

           Yo no sé si Enrique Morente sera el mejor cantaor de todos los tiempos, pero sí que tiene un lugar privilegiado entre ellos, y que con el paso de los años su figura formara parte de la mitología del arte flamenco, y su nombre al igual que el de Camarón o Paco de Lucía  las tres grandes figuras de nuestro tiempo,  sólo será equiparado a genios como Silverio, Chacón, Tomás, El Torre, Vallejo, Pastora, Caracol o el propio Marchena.

            Y es  que, algo tendrá el vino cuando lo bendicen.

            Eso me pasó con Charico, salvando las distancias, éste no era Morente, y por supuesto Gallegos no era Marchena. Pero si pude sentir por primera vez esa sensación de vaticinio de un futuro, que a la vez lo relacionas con el pasado. ¿Qué podía llevar a un pedazo de aficionado, a un gran entendido con un criterio fidedigno, más que demostrado a lo largo de toda una vida de dedicación al arte flamenco,  a aventurarse colocando a Charico como un crack de futuro con las esencias de un tiempo pasado?.

            Pocos meses después, encontré la excusa perfecta para escuchar en directo el cante de Charico. Había recibido la invitación para asistir como ponente en un curso educativo en la Universidad de Filosofía y Letras de Granada, en el cual participe con una conferencia sobre los cantes de mi tierra, ilustrada al cante por un joven Juan Pinilla y la guitarra de Rafa Hoces, hecho que aproveché para irme con tiempo suficiente para conocer más a fondo el ambiente flamenco de Granada. Yo nunca imaginé una Granada tan flamenca, recorrer las peñas de La Platería y la Parra entonces presidida por mi apreciado amigo el desaparecido Pepe Agudo, quien fuera presidente de la Federación de Peñas Flamencas de Granada, los flamencos barrios del Albaicín y el Sacromonte, donde pude disfrutar de la hospitalidad y el duende del maestro Curro Albaicín, y conocer de primera mano a la extensa cantera de jóvenes cantaores, bailaores y guitarristas granadinos, que sabiamente se enriquecía y nutría de esa fuente inagotable de artistas que aún perduran, y que fueron parte de esa importantísima generación, que impregnó de esencias granaínas el panorama flamenco desde los 60 y 70; me hizo reflexionar sobre la deuda que con esta santa tierra tiene contraía  el reconocimiento flamenco.

           Mi idea era clara, sentía curiosidad por conocer a Charico, por escucharlo, comprobar de primera mano si era verdad todo lo que de él me decían, tenía esa sensación de que seguro aparecía por allí.  Y, a altas horas de la noche tuve la oportunidad. Por la puerta entran Antonio Campos, Juan Ángel Tirado, Emilio Maya, Rafaelín Habichuela y Víctor Blaya Quero “El Charico”, que venían de hacer dos pases para el baile en una cueva del Sacromonte. En el flamenco cuarto de los cabales de la decana de las peñas flamencas, nos encerramos un reducido grupo de aficionados: Antonio Gallegos, Víctor “El Charico”, Juan Pinilla, mi mujer Isabel María que por ese tiempo gestaba en su vientre a mí hijo Francisco José y un servidor. Me llamó notablemente la atención el rostro de Charico, pues era todo lo contrario a lo que yo había imaginado. En mi imaginación habitaba un cantaor de tez morena y rasgos gitanos, curtido en mil batallas, quizás arrogante y engreído, orgulloso y  desprendiendo jondura en cada uno de sus movimientos, ¡qué sé yo, hasta dónde puede llegar nuestro pensamiento!. Para mí, fue toda una sorpresa, pues Charico, poseía una mirada noble; daba la sensación de ser un hombre niño, con rostro angelical y expresión de nobleza, parecido sacado de un cuadro, frágil, tierno y manejable, cantaor gigante en un corazón de niño, desprendiendo bondad en cada una de su palabras, en cada uno de sus gestos.

           Esa primera sensación, esa imagen es la que continuamente me  viene cuando escucho su cante, cuando escucho su nombre.

           Ante la insistencia de Gallegos, Charico canta por Martinetes, Deblas  y Levanticas, tímido, con la mirada clavada en el suelo, repetía una y otra vez ¿Qué canto?, ¡me da vergüenza!, ¡que no, Antonio, que yo no se cantar por granaínas, que no me gusta! Era obvio, algo pasaba, había fallado el duende. Víctor, tímido por naturaleza, no podía comprender que alguien estuviera allí sólo por escucharle, y los piropos, oles y jaleos  que recibía no hacían más que incrementar sus ganas de salir huyendo. Yo no podía comprender cómo se podía sentir incómodo de cantar ante un grupo de amigos y de alguien que se había desplazado para escucharle, máxime, cuando se trataba de un cantaor que venía de cantar para el baile, que había formado parte de diferentes espectáculos y que gozaba de un relativo prestigio en su tierra. Después de mucha insistencia cantó por Bulerías por Soleá. Dejando un fenomenal sabor de boca, pero con el amargo sentir de que volvía a La Unión sin escuchar al Charico más auténtico; ése que fue protagonista de tantas llamadas telefónicas por parte de mi querido Antonio Gallegos desde Granada a La Unión.

           A punto de regresar al hotel, en la despedida de rigor, oigo la juerga que se había montado  en la barra, donde se encontraba Víctor con sus compañeros de grupo, uniéndose a estos  Jaime “El Parrón”. Allí fue cuando escuche al cantaor del que me habían hablado, ese Charico cantando por Bulerías, esa voz cristalina, flamenca por los cuatro costados, te transportaba al Jerez de antaño, su cante impregnado con el sabor del Jerez más moderno, desprendía las esencias de lo antiguo, es cuando me di cuenta  que Charico podía ser un cantaor de los grandes, que su cante pertenecía a otro tiempo, no respondía al modelo cantaor que por modas pasajeras o formas estilísticas forman parte del flamenco escuchado en masas, éste pertenecía al de los cuartos, a ese rincón flamenco, donde el cante te llega directo al corazón y se clava como una herida de muerte, a ese lugar, donde él sintió vergüenza de cantar para unos pocos de aficionados, o quizás, no, yo que sé.  Yo sólo sé, que quise cerrar los ojos para saborear ese cante, para poder disfrutarlo y para poder sentirlo, y es que desde ese día, ha quedado en mí ese momento mágico, esa imagen cargada de nostalgia de ese Charico cantando por Bulerías, y puedo afirmar, que con el paso de los años, cuando en los anales de la historia del flamenco granadino se hable de cantaores como el Piki o Charico, que por su pronta y trágica desaparición no ocuparon el lugar de privilegio que su arte merecía, cuando en La Unión se hable de cantaores con duende que dejaron huella entre los aficionados,  podré decir con orgullo, que yo, conocí al mejor Charico.

JUAN PINILLA, PACO PAREDES, VÍCTOR "EL CHARICO", ANTONIO GALLEGOS
           Después de ese día, varias fueron las ocasiones en las que tuve la suerte de poder disfrutar con su cante, y conocer más a  la persona, su fragilidad y su forma de ser, la cual explicaba claramente su comportamiento tímido e inseguro. Pronto llegué a la conclusión de que Charico pertenecía a ese grupo de cantaores raros del flamenco. Su particular personalidad se asemejaba en cierto modo a la de cantaores legendarios comoTomas Pavón, Cayetano, El Nitri o El Torre, por sólo citar algunos, y aunque su cante no llegaba a esa altura (por supuesto), sí podía sacar ciertas similitudes en su persona que me llevaban a esa conclusión.

 Charico era un cantaor temperamental a la hora de afrontar el cante, pero a su vez, necesitaba y yo lo pude comprobar en esa íntima reunión del cuarto de los cabales de La Platería, llegar a ese momento que los flamencos llamamos “estar a gusto”, los intereses artísticos o económicos pasaban a un segundo plano, pues el lo que quería era cantar y punto. Y quizás lo más importante, no relacionaba su cabeza con su grandeza como intérprete, Charico cantó siempre por afición, tal vez sin ser consciente que sus condiciones naturales, esas que le acompañaban despertando el duende, le hacían un cantaor infinitamente superior, al que nacía de su pensamiento, o de su devoción. Pienso que nunca llegó a comprender que sin darse cuenta en su cante nacían detalles únicos de genialidad.
Llegaban las pruebas de selección del Festival del Cante de las Minas del 2004, y vuelvo a recibir la llamada de Gallegos, pidiendo información sobre las bases del concurso, “Paco, es para Víctor, que se está preparando para ir a La Unión”, aún dudando de que fuera, y siendo éste, un concurso serio donde lo único que se exige al cantaor mediante escrito, es que debe presentarse de forma obligatoria al lugar que le sea asignado por la organización, dado el compromiso que antes contraemos con la entidad o ayuntamiento donde se realizan las pruebas selectivas. Conociendo la particular personalidad de Víctor y lo poco amigo que era de los concursos, comprometo a Gallegos que debía de hacerse responsable de llevarlo al lugar que se le asigne por sorteo, lo pongo en contacto con la oficina del festival y se le asigna Ronda. 
Hacia la bella ciudad malagueña, nos desplazamos una representación del Festival Internacional del Cante de las Minas y del Ayuntamiento de La Unión, María Martínez concejal responsable del festival y directora del mismo en ese momento, acompañada por su marido el buen aficionado Vicente Rivas, quien puedo afirmar y no es sólo por el sentimiento de amistad y cariño que ambos despiertan en mí, que tanto Mari como Vicente son dos  de las personas con más sensibilidad artística que he conocido nunca, y aún sin ser expertos en la materia, pronto ambos interiorizaron un magnetismo especial con el cante de Charico. El jurado asignado por la organización lo formamos el desaparecido Juan Cayuela y quien esto firma. El teatro rondeño donde se celebraba el evento era abarrotado por un público entendido y respetuoso, que ansioso esperaba cante del bueno. ¡Y vaya si lo tuvieron!.
Todos los cantaores esperando el sorteo, entre ellos Bonela hijo, quien en la final del festival consiguiera los premios por Serranas y  el correspondiente al grupo de los cantes de Málaga, Granada, Cordoba y Huelva con Jabegote y Fandango de Granada, los guitarristas en un rincón calentando dedos y el taconeo del baile en el escenario. Y Charico que no viene… “si lo sabía yo, éste no viene, el móvil sin cobertura…” dejando un tiempo de espera y ante la responsabilidad de empezar a la hora anunciada, por fin se presenta con el tiempo justo del sorteo. 
Sus cantes Levantica y Taranto, Bulerías por Solea, Siguiriyas y Fandangos, acompañado con la guitarra de Paco Javier Jimeno, simplemente magistral, aún perduran los ecos en mi memoria, Sereno, por Dios sereno/ no pegues la voz tan alta, tan alta tú la pegaras/ que esta noche me la llevo… Su cante clásico, flamenco, dolorido, llamaba notablemente la atención, Charico lo interpretaba prácticamente sin esfuerzo, no se retorcía de dolor cuando cantaba por Siguiriyas, Las cosas que me viene, mare por la mente/ las cosas que me viene, mare por la mente/ son voces negras, de cante gitano, que anuncia mi muerte/ las cosa que me viene, mare por la mente, pero si producía esa sensación en nuestro interior, quién iba a decir que esa letra de la Siguiriya sería un presagio de un futuro muy cercano.
 Poco ortodoxa era su puesta  en las tablas, piernas abiertas, palmas a la altura de las rodillas, mirada perdida como si no fuera con él, era evidente que Charico también en el escenario irradiaba una peculiar personalidad.
A pesar del excelente sabor que dejó entre los presentes esa noche, que se acompañaba de continuas felicitaciones, Víctor no se marchaba a gusto, había echado en falta una guitarra con el sabor de Granada y sobre todo el poder sentirse respaldado emocionalmente por algún amigo de su confianza, y se acordó de Emilio Maya, de quien echó mano para la fase final del concurso en La Unión. El acompañamiento del  malagueño Paco Gimeno, sin duda, uno de los mejores guitarristas de acompañamiento que existen en la actualidad, quien por cierto le acompañó de forma excepcional, muy correcto y muy flamenco,  le había resultado excesivamente duro para su concepto guitarrístico, y,  aunque Charico había cantado fenomenalmente, lo mejor estaba por llegar.
Y tuvo que ser La Unión, de sus ricos minerales y cantes de pena y sufrimiento, tuvo que ser La Unión, la cuna del cante minero e historias trágico-románticas de las que él, sin duda,  podía haber sido protagonista, tuvo que ser La Unión, la que dejara en el argot de la historia flamenca ese reflejo futuro de que Charico existió, dejando para la posteridad el nombre de Víctor impreso junto a los nombres de quienes triunfaron en ella.
Llegaba clasificado en Siguiriyas, Bulerías por Soleá y Fandangos, difíciles grupos los suyos. Entre sus rivales más directos, dos jóvenes que venían pegando fuerte, cualquiera de ellos hubiera sido un justo vencedor para darle categoría al premio y para iniciar su carrera artística con el trampolín que supone conseguir los apartados de cante grande en La Unión, Guillermo Cano, que ya había conseguido los primeros premios de Granaínas, Cartageneras y Tarantas en años anteriores  y un joven Antonio Pitingo, que interpretó una Soleá del Mellizo en la versión que de esta hiciera Juanito Mojama, con una jondura que quitaba el sentío. No sé si es lo más correcto decirlo, aún más reconociendo la calidad de sus adversarios, pero  ¡qué leches, Charico arrasó!, hubiera podido esa noche con todo el que se le pusiera por delante, sólo su mala cabeza impidió que junto con los dos premios conseguidos, se llevara para Granada también el grupo donde se encuadraban los fandangos, y es que el día de la semifinal,  en ese momento de inspiración, en el cual sacó toda la esencia cantaora que llevaba dentro, cuando nos mostró cómo se cantaba el fandango  jerezano  de Manuel Torre, debió de sentirse tan a gusto, que cantó un fandango más de los permitidos en las bases; lo que dio pie a su descalificación inmediata y no tuviera la ocasión de poder defenderlo en la final. 
Es a partir de ahí, cuando Víctor comprende que puede hacer algo grande, que puede ser un cantaor a tener en cuenta en un futuro muy cercano, y se marcha con la promesa de volver, incluso durante algún tiempo se preocupa de escuchar los cantes mineros para intentar dar el salto hacia la preciada Lámpara Minera. Se impregna de cante de las minas, absorbe todo cuanto le llega y descubre un mundo de matices en un cantaor muy nuestro Manolo Romero. Y como cosas del destino, ese universo de  tonalidades del cante minero le viene de alguien que sin llegarlo a conocer se asemeja en fragilidad, bondad y verdadera mala suerte. 
Manolo Romero, cantaor genial, sublime, excepcional, llegó a calar en el corazón granaíno de cante jerezano del Charico, yo que tuve la suerte de poder conocerlo, escucharlo, y por supuesto admirarlo, puedo decir que ambos formaban parte de un mismo retrato. Ése, en el cual se refleja la humildad, la timidez, el desengaño, la donosura, el compañerismo,  el desinterés, y sobre todo ese sabor agradable que nos deja la buena gente. ¡Qué injusta  que es la vida!, uno de los mejores cantaores que a lo largo de su historia dieran los cantes mineros, y sólo yace en el corazón nostálgico de unos pocos de aficionados.
En el año 2005, Charico decide no inscribirse en el festival, con una idea clara y mostrando detalles de al menos en eso, tener la cabeza bastante amueblada,  “pa qué voy a ir a La Unión, pa cantar lo mismo, el año que viene iré cuando cante mejor los cantes mineros, a mí me da vergüenza cantar otra vez lo mismo, estoy escuchando a Manolo Romero, me gusta mucho!”. Dicho y hecho, en la edición de ese año se echó de menos a Charico, la afición expectante preguntaban el por qué no se encontraba en el grupo de clasificados. Durante ese tiempo llegan nuevas y buenas noticias desde Granada, “Paco, no veas cómo está cantando el Charico” decía Gallegos, “Paco, no veas como hace la cartagenera, tiene a Manolo Romero metío…” decía Pinilla, no veas cómo canta…, canta muy bien, pero está muy loco, decía otro cantaor amigo suyo, de los que durante algún tiempo compartió cante para el baile.
Se acercaba el festival del 2006, y de nuevo vuelve a inscribirse en la nómina de concursantes, su prueba el 8 de Julio en Ogijares, pocos días antes recibimos la triste noticia “Charico se encuentra en estado crítico en un hospital de Granada, nunca más volverá a cantar” Juan Pinilla escribe en el Olivo: “ Es difícil que Charico vuelva a subirse en un escenario, y lo que ahora  es peor, pues tememos por su vida!, que desgraciadamente fue un presagio de lo que estaba por venir.
Llega el festival del 2007, y como no podía ser de otra forma, entre los actos de la convocatoria cultural, en la presentación del doble DVD  Premios de los concursos años 2003-2006, que tuve la suerte de dirigir y producir, encontré la oportunidad perfecta para desde La Unión poder expresarle el emocionado recuerdo improvisado al genial Charico, que desde hace más de un año se debate entre la vida y la muerte. Ante un público emocionado pudimos ver a ese Charico de cara de niño y rostro angelical, en la final del concurso del 2004, que para la posteridad recoge el citado DVD con la imagen y voz de Charico impregnando de duendes la sala de su presentación.
 Entre el público que abarrotaba el recinto, Estela Zatania, quien desde que tuvo la oportunidad de conocerlo y escucharlo en directo años atrás en el recital que éste impartió en La Puebla de Cazalla, se convertiría en una de sus más fervientes seguidoras, suyas fueron las primeras felicitaciones al concluir el acto, esas  gracias ahogadas entre lágrimas de emoción de quién  dignificó con especial cariño su jondura, me daban, la sensación  de que ese pequeño homenaje improvisado era un hecho justificado para recordar a un cantaor que corría el riesgo de ser perdido en el anonimato. Y es que no sé si me aventuré, al afirmar algo de lo que desde lo conocí estoy completamente convencido, y que hoy desde aquí ratifico: “tal vez por falta de conocimiento del personaje, su lista de incondicionales es aún corta en cantidad, pero  intensa en calidad”, personajes como la propia Estela, Curro Albaicín, Enrique y Estrella Morente, Marina Heredia, Paco Vargas, Francisco Hidalgo, Antonio Gallegos, José Manuel Gamboa, Miguel Ángel González, Juan Pinilla, Paula Marín, y quien esto escribe nos hemos manifestado públicamente como admiradores de su arte.
Pienso que Víctor estaba en condiciones de llegar hasta donde  su cabeza le llevara, que por desgracia cogió el camino equivocado.

La Unión 31 de Enero del 2008
©Paco Paredes.
ARCHIVO FESTIVAL CANTE DE LAS MINAS

5 comentarios:

  1. Amigo Paco, con Antonio Gallegos hablamos mucho del Charico y aunque no lo conocí en profundidad ni pasé muchas noches de juerga con el si tenía cierta amistad. Coincidiamos en que nuestros tres pilares del cante eran Camarón, Enrique Morente y Juan Moneo "El Torta". Hoy, buscando información sobre Victor he dado con tu blog.
    Salud-os cabales desde Grandada
    Carlos "Curro del Realejo"
    www.extampasflamencas.com

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    1. Saludos Flamencos Carlos; Yo tuve la suerte de conocerlo, escucharlo, deleitarme con su cante y admirarlo.
      Antonio Gallegos siempre confió en su cante y te puedo asegurar, que casi como un padre quiso a la persona.
      Cuando se habla de Charico siempre dice lo mismo " Desde que escuché a Caracol en Graná cuando tenía 14 años... nunca he escuchao un cantaor con más verdad".
      Creo y estoy plenamente convencido, que Victor se marchó sin llegar a darse cuenta que ese metal suyo era único, de los que nos harían mucha falta hoy en día.
      Para lo que necesites, no dudes en ponerte en contacto conmigo.
      Saludos Flamencos desde La Unión Minera y Cantaora.

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  2. Muchas gracias por este reportaje tan bonito al Primo Victor Blaya Quero y sus palabras tan sinceras.un abrazo Fran Valero "EL QUERO"

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  3. Muchas gracias por el reportaje tan bonito a nuestro primo Victor Blaya Quero,y por sus palabras tan sinceras y Saludos a Carlos "curro del Realejo" si no me equivoco es un fotografo esplendido entre otras grandes cosas.un abrazo amigos.

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  4. No hay que darlas Quero; yo personalmente me considero un admirador de su arte, creo que si estuviera con nosotros sería un cantaor insuperable, para mi, quizás el mejor en su género. Yo le admiré y le aprecié mucho.

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