sábado, 12 de marzo de 2011

Paco Hidalgo

Cante de las Minas: Notas a pie de festival (2004-2007).
Ediciones Carena

Foto: ©Miguel Ángel Tabernero
    Prólogo Paco Paredes.                                 

Siempre es una satisfacción poder participar en la obra de un amigo al que aprecias, respetas y admiras. Y más aún, cuando estás convencido de su capacidad de trabajo, firmeza y conocimiento, valores que te llevan a creer sinceramente en el trabajo que realiza. He de confesar que creo fielmente en Paco Hidalgo, su calidad humana, su saber estar, su compañerismo y su sensibilidad para el arte y para la vida me han hecho reflexionar una y mil veces sobre el privilegio que supone para mí compartir su amistad.

Es por eso que este prólogo es doblemente motivo de alegría, pues unido a los vínculos casi fraternales que me unen al autor de esta obra, no podía ser menos motivo de gozo el poder recrearme en un trabajo dedicado a mi tierra, La Unión y a mi gran pasión, el arte flamenco, más aún cuando se trata de recrear algo de lo cual he podido ser en su mayor parte testigo de primera mano.

Paco nos guía por sus vivencias y nos muestra ese mundo del festival unionense que no aparece en los libros y que permanece tras el paso de los años en nuestros recuerdos nostálgicos. Su capacidad de observación y su memoria fotográfica me ha llevado a momentos recientes que prácticamente han pasado desapercibidos para mí, y que hoy los recuerdo con un sabor diferente.  Nos hace recordar esos instantes que a veces pasarían como anecdóticos, pero a su vez sirven de guía para el futuro visitante, dibujando una ciudad acogedora y dando la mejor convicción de ello, la de su propia experiencia, manifestando que aquí nadie es extraño, pues todos somos parte de un mismo legado: la familia del festival. 


José Manuel Gamboa, Paco Paredes, Paco Hidalgo. La Unión agosto 2008. Foto: ©Paco Paredes

Este libro Cante de las Minas Notas a pie de festival (2004-2007), ilustrado fotográficamente por Miguel Ángel Tabernero, me ha llevado a recordar momentos anteriores a los que nos narra el autor y que, paralelamente al desarrollo de mi vida, forman parte de mi añoranza. Instantes únicos que, aunque vivos en mis recuerdos, casi había olvidado en cuanto a sabor y aroma y que aún perduran en mí desde la infancia, esa Unión cantaora, esa ciudad flamenca y minera. Ajena a las modernidades del festival.
El pasaje que el maestro Hidalgo hace a la intrahistoria me ha transportado a La Unión de mi niñez, con esa agradable fragancia de sus gentes, sus bares, tascas y centros de reunión de cante y trovo, esa ciudad en la cual se podía percibir ese sentido del festival minero todo el año. La Unión de mi niñez tenía el sabor de la pirita y el manganeso envuelto con la rica fragancia de las flores de primavera, se percibía por todas partes ese sonido dolorido que emanaba de la guitarra del maestro Antonio Fernández, anunciando los ecos oscuros de nuestro cante…. Y es que estamos tan cerca, pero tan lejos... Me lleva a recordar los medios días del anchurón donde constantemente florecía la Minera de Pencho al calor de una mesa, regado con el siempre agradable sabor de un buen vino tinto, que a mí, por mi corta edad, mi padre me lo sustituía por un refresco que sabía a gloria.  Eleuterio, voz de cobre ‘fundío’ entonaba los ecos de la Taranta que se desprendía de sus pulmones ‘tosientes’ aquejados de silicosis, y mi padre el Niño Alfonso cantaba por Cartageneras con una dulzura exquisita.  ¿Quién me puede a mí decir que La Unión de mis recuerdos no era flamenca, como he tenido la oportunidad de escuchar en alguna ocasión?

 La lectura de este libro me ha llevado a recordar esos Festivales de mediados y últimos de los 70 cuando en las calurosas mañanas de agosto en la terraza del Bar Minero un niño de siete u ocho años se quedaba embelesado escuchando el cante por Soleá del viejo Cobitos…  Cien años después de muerto/ y de bichitos comío/ letreros tendrá mi cuerpo/ diciendo que te he querío; y al maestro de Montefrío Manolo Ávila (paisano del padre del autor de este libro) cuando entonaba el eco inconfundible de la/su Murciana.

Su fuerza arrolladora y su pasión por el flamenco crearon tal impacto en mí que su recuerdo intenté honrar en el día de su homenaje con la siguiente letra en su honor, y que hoy forma parte del repertorio  de su más destacado alumno, Juan Pinilla, Lámpara Minera 2007: Siempre lo llevo en mi recuerdo/ el eco de aquella Murciana/ siempre lo llevo en mi recuerdo/ la que el Ávila cantaba/ en este pueblo minero/ decía, Araceli a ti te llamaban/ te llamaban en el barrio…Araceli.
 
El festival nunca hubiera sido el mismo sin las aportaciones de cuantos entendidos o aficionados acudían a él de todos lugares de España,  incluso de diferentes partes del mundo se acercaron a él atraídos por el embrujo trágico-romántico de nuestra historia, sin la implicación de todos aquellos que desde sus inicios se sintieron parte de él y han servido como ilustres embajadores de nuestros cantes, y Paco es un claro ejemplo de ello. Atraídos por el encanto de su obra y de su trayectoria fue reclamado, aún sin conocerlo personalmente, por los que formamos parte de la organización de este evento, y he de confesar que no defraudó.

Gracias a su labor seria de investigación del flamenco en Cataluña, descubrimos una parte olvidada de algunos de los más destacados cantaores de la tierra murciana, sirviendo de guía para posteriores investigaciones sobre el tema. Unido a su carácter afable y conciliador ha servido de emisario del festival minero por toda España, sobre todo en Córdoba y Cataluña, haciendo de inmejorable guía y relaciones públicas.

Aún recuerdo una conversación que mantuvimos el día que nos conocimos y que él relata en un capitulo de este trabajo. Diferente, sí, es diferente el festival de La Unión, no tiene similitud con cualquier otro, esto no le hace mejor ni peor, simplemente se ha formado desde otra perspectiva, la que nos muestra el dolor,  la pena,  el orgullo. Si desde un principio la difusión y divulgación de la gran mayoría de concursos y festivales flamencos nacen por la propia afición a este arte de sus fundadores e impulsores, teniendo como finalidad el divertir al respetable pasando un rato agradable, o quizás por el arraigo cultural transmitido de generación en generación, el Cante de las Minas nace con la expresión de sufrimiento de un pueblo, dibujando en él el más fiel retrato de lo auténtico, su propia vida.

Si desde un principio los mineros se sintieron parte de ese concurso, pues era el más ferviente reflejo de ellos mismos, y su desarrollo les supuso una nueva ilusión al sentirse actores principales del legado que desde La Unión se mostraba al mundo, hoy poco queda de ello. El cierre de las minas, la modernidad, el avance de las nuevas tecnologías hacia una vida mejor y más cómoda llena de lujos y abundancias, hacen de La Unión un pueblo prácticamente irreconocible como si nada de eso hubiera existido.

El Festival Internacional del Cante de las Minas aparece como ventana al exterior sirviendo como  símbolo claro de modernidad, pero conmemorando  a su vez la esencia pura del pasado. Si desde aquí se ha llegado a emocionar con el grito desgarrador de una taranta, de una minera o de una cartagenera, también hemos sido recompensados por la rica diversidad cultural de todos y cada uno de quienes se sienten parte de este legado.

El cante llegó a La Unión en sus formas más primitivas para aquí desarrollarse a imagen y semejanza de un pueblo, de sus gentes. El flamenco es universal y el cante de las minas es parte de ese universo de pasión y sentimiento. Ésta es la herencia que nos ha llegado desde nuestros padres y que nosotros desde La Unión hemos pretendido siempre mostrar con orgullo.
    
Pero qué mejor para conocer de primera mano nuestra historia más reciente que adentrarnos en este trabajo,  saborearlo desde las propias vivencias del autor, sentirlo, disfrutarlo….

Amigo Paco, ¡qué lástima que no hayas sido testigo de todos y cada uno de los festivales unionenses, cuántos momentos hubieras recuperado para el bien de nuestra historia!, ¡cuánto me hubiera gustado compartir contigo y con todos aquellos que desde toda España se sienten profundamente identificados con la familia del Festival, los momentos, vividos y más aún los que yo por mi edad no he podido vivir!

Estoy convencido que pocos como tú serían capaces de mostrarnos todo el encanto de aquellos festivales de antaño. Deteniéndose de forma muy especial en esas Lámparas Mineras que alumbran en Posadas, tu pueblo, fruto del magisterio de tu amigo Luis de Córdoba, o esas de Mayte Martín y Miguel Poveda que dieron luz a toda la afición flamenca de tu querida Cataluña y que sirvieron como impulsoras de la renovación de nuestro querido festival.

Paco Hidalgo y Miguel Poveda. Cante de las Minas 2007. Foto ©Paco Paredes.

Francisco J. Paredes

La Unión, 3 de Abril del 2008

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