miércoles, 25 de mayo de 2011

AL MAESTRO ANTONIO FERNÁNDEZ

          ESENCIA PURA DEL BUEN TOQUE MINERO.

Con Pencho Cros. Archivo Antonio Fernández

Al maestro Antonio y toda la familia Fernández que con el embrujo de su arte desgarran  el alma de todo buen aficionado. A mi amiga Eva Guillamón "La Sal Minera" que nació para ser Flamenca.

         ¡Buenas noches! Sras, Sres, autoridades, amigos del flamenco y vecinos de esta maravillosa ciudad, madre y cuna del cante minero que es La Unión.
Es para mí un orgullo el poder ser participe de tan merecido homenaje al maestro ANTONIO FERNÁNDEZ,  principalmente por dos razones: una y, la que para mí es la más importante, la intensa amistad que con Antonio nos une tanto a mí familia como a mí desde hace tantos años, prácticamente desde la primera vez que apareció por La Unión, que se ve incrementado por el aprecio y respeto personal que siento hacía la persona, y por la admiración que crea en mí el artista; y la otra, la satisfacción que para mí supone el poder analizar públicamente la calidad artística de un hombre que lleva prácticamente toda su vida dedicada al arte flamenco. Intentaré separar ambas cosas para hacer un análisis lo más objetivo posible del hoy homenajeado, sin caer en las alabanzas lógicas de este día.
Pero sí me gustaría destacar el papel importantísimo que Antonio ha tenido y tiene en nuestros cantes mineros y la influencia que su toque ha transmitido durante tantos años, algo que quizás por la sensación de cercanía no hemos llegado a asimilar en su justa medida. Y es que el nombre de Antonio destaca de manera notable en la historia de nuestros cantes y de nuestro querido Festival.
Cuando supe de este merecidísimo homenaje, me dije: “¡Yo quiero estar allí!”, apoyando al maestro, al artista, al amigo, a ese hombre que nos abría las puertas de su casa cuando los más jóvenes empezábamos en esto del flamenco.

Siempre nos recibía con una sonrisa, con una amabilidad desbordada, orgulloso de que los más jóvenes nos interesáramos por este arte para que no se perdiera el flamenco en su estado más puro. Nuestras largas charlas eran amenizadas con el siempre agradable aroma de un buen vino que sería acompañado por ese sabor exquisito de un buen jamón. Nosotros le preguntábamos sobre todos los cantaores que había acompañado, de su afición por este arte, de sus inicios, de las personas que había conocido... Nos hablaba de sus vivencias, relación y anécdotas con cada uno de ellos.

De mi mochila aparecían los últimos vinilos o cintas de cassette que recientemente había comprado y llevaba al maestro con la ilusión de que éstos fueran de su agrado, esperando que me dijera: “Paco; déjamelos que los escuche”. Allí solíamos llegar con la grabación inédita de tal o cual cantaor y nos regocijábamos escuchando al Borrico, a Tomás, al viejo Agujetas, al Gallina, a Pastora o Cayetano… Es como si este momento perdurara tan vigente que ha permanecido intacto con el paso del tiempo.
        Y ahora que han pasado casi 30 años, cuando voy a su casa me sigue recibiendo igual, como el primer día, con la misma ilusión. “Ya ves, a mí tampoco se me olvidan esos grandes ratos”. ¡Cuánto flamenco, se respira en esa casa! Es como si pudiéramos percibir los duendes, esos duendes del flamenco, de los que siempre hablamos pero nunca hemos visto. Yo puedo asegurar que yo si los he sentido en su casa entre charla y charla, entre cante y cante, entre toque y toque.

                        Bendita sea esa casa
                        Y al albañil que la hizo
                        Que por dentro está la gloria
                        Y por fuera el paraíso.
        Allí se puede disfrutar de la amabilidad de su señora y de toda su familia. De ellos sientes el respeto, percibes el cariño con el que reciben a un amigo del marido, del padre, del patriarca, del artista.
        Cuando Antonio ha tenido momentos delicados de salud, al ir a preguntarle, siempre me ha respondido con una sonrisa, con esa fuerza expresiva natural en su persona que te inspira confianza. “Paco estoy hecho un roble”. Y eso eres Antonio; un roble, porque tu formas parte de la mejor madera con la que se construye la mejor guitarra.

        Antonio nació en Murcia en 1926, aunque a muy corta edad su familia se trasladaría a Torrevieja y Orihuela donde empezaron sus inicios flamencos cantando y tocando la guitarra en juergas y reuniones, situando al bar Taurino como el epicentro de su afición flamenca. 
Allí, en tierras alicantinas encontraría en la venta ambulante el sustento de su familia y, como buen gitano, se buscaba la vida vendiendo toda clase de telas y ropas de un lado para otro. Eran tiempos duros y el vender requería de una gran labia y destreza, de la que Antonio estaba ‘sobrao’, amenizando su trabajo con esa afición suya que le corría por su sangre de la más pura raza faraónica. Así correría su juventud entre cantes del Culata, Fandangos de Canalejas  y del Palanca y soleares de Tomás.

        Hasta que en 1950 llegó a La Unión. Antonio se enamora enseguida de esta tierra. Aquí tenía todo cuanto podía desear: una prosperidad y un trabajo que de nuevo volvía a resurgir con la explotación de la minería a cielo abierto. Encontraría, además, una ciudad flamenca que colmaba sus aspiraciones teniendo la oportunidad de formarse como artista.   
Pronto se le conoce cantando por las tascas y bares de la época, con nuestros mejores aficionados. Y forma parte de esa gran compañía  dirigida por Juan López llamada LA SOLEÁ”, completando cartel con una extensa variedad de artista unionenses de la época, su cuñado, el guitarrista Juan de las Vegas; mi padre, el cantaor “Niño Alfonso”; “Manolita de Jerez”; el desaparecido “Diego Arenas”, y un largo plantel de cantaores, guitarristas, tonadilleras, cómicos, etc.
        La hoy olvidada compañía emulaba los grandes espectáculos operísticos que proliferaron por España desde mediados los años 20 y, aunque ésta se crearía con un sentido mucho mas humilde imprimiéndoles un carácter mucho más localista, serviría para que el cante flamenco y nuestros cantes mineros se divulgaran por todos los pueblos y ciudades de la región con algunos éxitos apoteósicos.
Ofrecían un espectáculo serio en el que debutarían algunos artistas de contrastada calidad, como una joven Encarnación Fernández que, por aquellos tiempos contaba con sólo seis o siete años, cantando y bailando zambras y rumbas junto a su hermana Bárbara.
        Antonio era anunciado en la voz del presentador el ‘Gran Ginis’ como el ‘Diamante Negro’. Más tarde, al unirse esta compañía con la de Pepe Torres de Cartagena, pasaría a denominarse “CARAVANA DE CANCIONES”, en la que Antonio era anunciado como el ‘Emperador del cante Jondo’. En esta compañía debutaría también como guitarrista, alternando sus actuaciones como cantaor y guitarrista de acompañamiento. 
        Todos cuantos le escucharon cantar no dudan un momento en afirmar que Antonio tenía un ‘quejío’  que te helaba el alma cuando se quejaba por seguirillas; te estremecía cuando lloraba por soleá, con un poderío de voz que sólo su temple se oía en la otra esquina de la calle.
        ¡Maldito picante!, ese que se llevó su voz hace más 40 años. Nos privó de tener un gran cantaor, un cantaor de verdadera cultura jonda en la sangre, de esos que escasean hoy día.

        ¡Ese día nació el Antonio guitarrista!

        Una de sus primeras guitarras fue fabricada en 1867 por “González hijo”, guitarrero de Madrid. Había pertenecido al gran guitarrista “maestro Eslaba” con la que el reputado maestro acompañaría a la célebre “Emilia Benito” en los cafés y teatros unionenses. Además, durante esos años, se convertiría junto a José Grau (hijo del Rojo el Alpargatero) en el guitarrista que acompañara allá por la segunda década del pasado siglo XX a todos los cantaores de La Unión y Cartagena. Más adelante vendrían otros como el respetado profesor José Mateo “El Zocato” y Blas Hernández, más conocido como Blasillo o Montoya II.

        Con esa guitarra Antonio acompañaría a grandes artistas flamencos: el magisterio de Calixto Sánchez; de Diego Clavel; Alfredo Arrebola; Ceperito y Niño de Barbate. También acompañó la fragilidad de Cobitos, el clasicismo genial de Manuel Ávila y una gran infinidad de artistas flamencos de cante y baile. Fue el guitarrista preferido de la gran mayoría de artistas de la tierra: Eleuterio, Niño Alfonso, Pencho Cros, Morenito de Levante...

Con el Niño Alfonso en el ciclo "Cantes con Cuchara", que bajo la dirección de Manuel Adorna sería reconocido con el premio de la Catedra de Flamencología de Jerez de la Frontera (Archivo Niño Alfonso)

        Esa guitarra sonó en dos ocasiones para acompañar a la III llave del Cante, Antonio Cruz García  “Antonio Mairena” y a sus hermanos “Curro y Manuel”.
        La primera fue en la Peña Flamenca de Murcia, y la segunda en esa famosa noche donde el embrujo de La Unión unió por primera y última vez a los dos genios del flamenco: Antonio Mairena y Paco de Lucia.
Esa noche, después de la actuación, en una juerga en el centro parroquial  se fusionaron el cante de Antonio Mairena y el toque de Antonio Fernández como si de un mismo cuerpo se tratase. Se hizo de día, Mairena estaba tan a gusto que incluso se arranco a bailar por Bulerías. “Curro Mairena” envuelto en el calor de la noche donde el whisky corrió hasta altas horas de la madrugá  le dijo: “Antonio has acompañao muy bien, no creas que tó el mundo acompaña a mi hermano".
ANTONIO MAESTRO
Antonio es un hombre que ha preparado a tantos y tantos cantaores, defendiendo y dignificando como pocos nuestros cantes y toques mineros. Por su docencia han pasado cantaores como “Ginesa Ortega”; Lámparas  Mineras como mi buen amigo Antonio Ayala “El Rampa”; Maite Martín; Antonio Ferrer “El Camionero”, y tantos y  tantos cantaores… Y sobre todo a esa gran cantaora fruto de su ser: ENCARNACIÓN FERNÁNDEZ.
Encarnación es el cante minero, es el concepto que tiene Antonio de nuestros cantes, de nuestros matices, la sabiduría del maestro, con la gran genialidad y la garra de la cantaora. Es tal la conjugación entre Antonio y Encarna, entre sabiduría y ejecución, que juntos han logrado imponer un carácter más flamenco, más sentido en muchos cantes. Haciendo una verdadera reliquia con la Levantica y rescatando del olvido la Murciana de Vallejo.

                             No lo niego
                         Que soy de Murcia
                            Y no lo niego
                       Aunque vivo en Cartagena...

        Una forma más valiente de cantar por mineras, por cartageneras, con unas subidas tonales en su inicio que estaban casi en desuso. Unos sentidos cantes de “madrugá” que Antonio aprendió en el seno familiar, y de los que Encarna es la gran divulgadora, así como tantos cantes en los que ha imprimido su magisterio, entrelazado con la fuerza expresiva que desprende la genial cantaora…
        Es indudable que hay un antes y un después de Antonio en la ejecución de nuestros cantes y nuestros toques. 

Con su hija Encarnación, su nieto Antonio y el Ciudadano Honorario de La Unión Gines Cabezos.

        En la faceta que hoy nos ocupa y por la que es homenajeado recibiendo el  "BORDÓN DE HONOR" y nombrado su toque patrimonio del Festival.
        Me gustaría destacar que Antonio nunca ha sido un guitarrista de concierto, no ha sido un virtuoso, sus dedos no han recorrido el mastil de su guitarra a una velocidad de vértigo; nunca le ha hecho falta. Ha sido el guitarrista clásico de antaño que ha servido como fiel escudero, siempre en beneficio del cantaor, renunciando al lucimiento personal, como en otro tiempo lo hicieran Miguel Borrull, Javier Molina, Manolo de Huelva y tantos grandes guitarristas que pasaron por este mundo…
Y aunque Antonio respondería a otro perfil más humilde que los guitarristas a los que me acabo de referir, es quizás uno de los últimos representantes de una escuela en la que lo más importante es el cante puro, con una medición de Tiempos exquisita. 
        Pocos guitarristas en la historia de nuestros cantes han sido tan certeros a la hora de acompañar.
        Su toque, impregnado con leves influencias de Ramón Montoya y, sobre todo, de Miguel Borrull y Melchor de Marchena, es un toque personal. Todo en sí suena a Antonio. Es un toque nacido de su creatividad flamenca, por su sentir de estos cantes. Su toque huele a Carburo, a mina. Esos sonidos oscuros, negros, que salen de sus manos te transportan al interior de la galería, a la profundidad del pozo. En ellos sientes el sufrimiento, el dolor, la angustia del minero.
        Suenan al golpe del marro con la barrena, a la explosión del barreno, al quebrantamiento de la piedra para extraer el rico mineral.
        Saben a Blenda, a Plomo, a Pirita, a Manganeso, Porque su toque suena a La Unión.
        Porque Tú, Antonio, eres La Unión hecha falsetas, eres La Unión hecha Toque.
        Ese toque áspero, ronco, como el cantar del minero. Ese toque que se clava en el alma, nostálgico, como el minero que ahoga sus penas entre tarantas y lamentos quejándose de su mala fortuna.

        Porque tu toque suena, huele y sabe a tí.

        Y de tu escuela han mamado muchos guitarristas, dando forma a esa expresión unica de sentimiento y dolor que desprende tu toque por tarantas,  y la han continuado, como fieles seguidores, tu hijo Rosendo y tu nieto Antonio, guitarristas oficiales del Festival Minero.

        Tú, que tienes el escenario de la Catedral desgastado de tanto pisarlo, de tanto derramar arte, de tanto impartir magisterio y jondura, de tanto compartir penas y alegrías a través de tú guitarra.
        Quisiera reivindicar a las autoridades el nombramiento de ANTONIO FERNANDEZ como hijo adoptivo de La Unión. Después de más de 50 años con nosotros y, que algún día un busto suyo dé categoría a la Catedral y al Festival. Con una placa en la que se lea:

"ANTONIO FERNANDEZ,  ESENCIA PURA DEL TOQUE MINERO"


         Gracias Antonio por compartir tantos buenos momentos conmigo. Por dar todo lo que has dado, vaciando tu interior como el rico filón que es. Sin pedir nunca nada a cambio, y sobre todo Maestro: GRACIAS POR SER MI AMIGO                  
                                             MUCHAS GRACIAS.



Jurado del Cante de las Minas 1996. De izq. a der.:
Gonzalo Rojo (presidente), Paco Paredes, Manuel Ríos Ruiz, J Fco Pérez (secretario) 
Pepe Cros, Antonio Fernández y agachado Félix Grande





Intervención de Paco Paredes en el nombramiento del toque de Antonio Fernández como patrimonio del Festival Internacional del Cante de las Minas. La Unión 10 de Agosto del 2003.



ARCHIVO: LA UNIÓN MINERA Y CANTAORA. FOTO FRANCO

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