martes, 27 de septiembre de 2011

PENCHO CROS- TORRE DE PENAS Y COPLAS


 2ª Parte del primer capitulo que hice  a la memoria de Pencho Cros en el libro-disco "PENCHO CROS TORRE DE PENAS Y COPLAS"
UNA PARTE DE MIS RECUERDOS



                       FOTOGRAFÍA EXTRAÍDA DEL LIBRO. ARCHIVO FAMILIAR
Año 1976, Pencho Cros ganador de la Lámpara Minera en el Festival de La Unión, y ya van tres!
En la desaparecida Terraza Mery de verano, un niño de seis años casi vencido por el sueño, veía entusiasmado el nacimiento de un mito: Pencho Cros, único ganador de tres Lámparas Mineras. Pero eso en ese momento no importaba, al menos ese niño no tenía capacidad para comprenderlo, porque éste no sería la culminación de la estrella para ojos de ese chiquillo, sino el punto de partida. Ése niño ero yo, y es desde esa noche el inicio desde el cual me alcanzan efímeramente mis primeros recuerdos del maestro.
Con el tiempo leí, que en el público existían algunas divisiones de opiniones, algún que otro murmullo, aplausos, vítores y silbidos. Una botella de vino vuela incontrolada, lanzada al jurado producto de la ira de un cantaor malagueño disconforme con el veredicto del respetable. Días mas tarde a través de las líneas de un periódico local pediría perdón arrepentido, reconociendo su equivocación.
Año tras año, Pencho impregna con sus esencias mineras las noches de nuestro querido Festival, y no solo allí, sino en la vida cotidiana día a día, cada vez que lo veía, no  sé por qué, era siempre objeto de mi atención, al cual perseguía constantemente con la mirada, atraído por algún tipo de encanto interior que no podía ni imaginar cual era. Con el paso de los años sí, mi profunda admiración por el cante y por nuestros cantaores mineros, algo que yo comencé a sentir prácticamente desde la cuna en el seno familiar a través de mi padre, el cantaor Alfonso Paredes “Niño Alfonso”.
Pencho al igual que otros muchos cantaores de nuestra tierra y de tantos otros que venían de fuera, era para mí, el fiel reflejo de lo que yo añoraba ser en un futuro, yo quería ser cantaor, cantaor de flamenco y cantar como Pencho, como Eleuterio…  En mis sueños de niño me veía parte de ese mundo, y soñaba despierto con poder levantar algún día la Lámpara Minera, soñando disfrutaba y la pasión me envolvía y de felicidad lloraba, “”Pencho cuanto hubiera dado de niño por ser como tú, cuanto daría ahora”.
Paralelamente a eso, aparece en mis  recuerdos, una cinta de casette que andaba por casa, grabada de la radio, en directo, de una de las noches del Festival de no sé que año, y con el frontal escrito a bolígrafo  por la letra de mi padre, en la cual se podía leer: minera de Pencho, minera de Piñana. ¿Cómo minera de Pencho y de Piñana?, ¿Por qué? Si la minera era algo que yo escuchaba a cualquier cantaor de los que cantaban en la terraza Mery, ¿como podía ponerse autoría a un cante que todos cantaban, que lo sabía yo, que se lo había escuchado a muchos?, ¿es que era la minera creación de todo aquel que lo cantaba?, pero papá si yo le he escuchado a muchos eso que me enseñaste y que me dijiste que se llamaba minera, esa que dice no se que  de un  taleguito, y la de si yo volveré a subir  y la otra, la de cortando plomo del tajo y el famoso grito de el rehundio… a ver, en que quedamos… 
¿Entonces que es ese cante por mineras que aparece en los discos viejos y ruidosos que hay por casa de un tal Chacón, que habla no se qué de un tal Morato… y  en nada se parece a esto? Aún  era muy pronto para comprenderlo, eso llegaría después, cuando esas preguntas irían encontrando su respuesta a través del estudio.
Casi sin darme cuenta me hacía preguntas de todo lo que acontecía en el cante, de todo lo que escuchaba, y las respuestas de mi padre me iban aclarando la situación, todos pueden cantar un mismo cante, todos pueden cantar la misma letra, pero no todos tienen la capacidad de crear, y Pencho la tenía, era un innovador, de manera subconsciente, pero lo era, y ese sentido que transmitía a través de su copla, no nacía desde  la búsqueda constante de nuevos matices o tonalidades, sino que era parte de su personalidad, Pencho creaba cada vez cantaba, por que Pencho cantaba lo que sentía.
Su nombre no solo pasaría a la historia por ser el único cantaor en el cual alumbran tres Lámparas Mineras, si no por su particular forma de interpretación de los cantes mineros, de los cantes de la tierra.
Su personalidad tan arraigada a La Unión y a la mina y su carácter anárquico, le hacían ser uno de los elegidos para asociar por siempre su nombre al de La Unión, y  al cante por mineras. Su minera pasó a la historia con nombre propio, la minera de Pencho Cros

ARCHIVO FAMILIA CROS

Pero remontémonos brevemente  en el tiempo…
Sería a partir de la década de los cincuenta cuando la ciudad de La Unión viviría un nuevo resurgimiento laboral, explotaciones a cielo abierto que se alternaban con la minería de interior, viejos mineros que aún de forma precaria subsistían abanderando unos cantes como protesta que habían aprendido de sus padres, o directamente de ese escenario único que la mina te ofrecía, con paredes de manganeso, el miedo y la oscuridad como compañeros, el brillo de la plata, el plomo y la pirita como riqueza ajena, la luz del carburador como reflejo artificial de la luz del día. Y con el solo sonido cual guitarra te ofrece el golpe del marro con la barrena, y el quebrantamiento de la piedra para extraer el rico mineral.
Ese era el legado que nuestros jóvenes intérpretes recogieron por herencia tocándoles a cada uno de ellos cargar con el peso de la renovación, de adaptar su cante y su forma de vida a la modernidad de La Unión que se estaba gestando.
Nuestros entonces jóvenes artistas no tenían una formación estructurada del cante, el cante nacía libre, casi anárquico, cantaban de oído, de lo que aprendieran escuchando a los viejos aficionados mineros-cantaores, y de los cantes que sonaban constantemente en las emisoras radiofónicas, que agolpados alrededor de alguna vieja radio de madera pudieran oír a través de algún vecino generoso y  privilegiado que tuviera una en su casa.
El flamenco que llegaba a La Unión por esos años,  no se transmitía a través de  una verdadera cultura jonda, tan solo un pequeño legado que nos llegaba a través de esos pequeños residuos de cantes mineros de los que tanto habló Pencho. Es quizás por eso, que  los cantaores de esa generación eran tal vez limitados en cuanto a técnica, pero a la vez dotados de un encanto y una sensibilidad especial a la hora de afrontar el cante, su formación anárquica y a veces sin estructura daría lugar a esos reflejos únicos de genialidad necesarios que tanto destacó entre los artistas de ese tiempo.
El cante en La Unión de los 50  era otra historia, permanecía ajeno a lo que desde el resto de las zonas cantaoras se transmitían. Nunca hasta el inicio del Festival se tuvo la necesidad de mostrar su cante al mundo, ni tampoco establecer una formas definitivas que caracterizaran con un encanto especial el cante de la tierra, rigiéndose en unos patrones definidos, el cante de esa época pertenecía a un mundo diferente que nacía en paraíso terrenal de matices y tonalidades que se llamaba La Unión.
Si en años anteriores la copla minera había  roto fronteras por toda España e incluso por diferentes partes del mundo a través del legado que transmitieran el Rojo el Alpargatero y Concha la Peñaranda, y más adelante cantaores como Antonio Grau, Emilia Benito, Fanegas o Guerrita, en esta época, el cante gozo en exceso de localismo, lo que a su vez lo hizo grande. Cuando ese cante que había permanecido encerrado, hermético, dentro de las fronteras del terruño, pudo ser apreciado por el resto del mundo, es cuando La Unión recobra en gran parte esa esencia mitológica del cante fabricado desde el dolor y la pena.
El Festival del Cante de las Minas  y sus impulsores, tuvieron  gran culpa de esto, pero también personas como Pencho que con esa nueva forma de cantar por mineras supo conectar con un público al cual sin ni siquiera pretenderlo, dio un carácter libre para la modernización de estos cantes. El cante por mineras se convertiría en el estandarte que abanderaría la expresión más jonda unionense, simbolizaría para la posteridad el más fiel reflejo de La Unión hecha cante.
Y Pencho fue fiel transmisor de ello.

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