lunes, 12 de noviembre de 2012

Colección de flamencos: Charico

POR:  JUAN PINILLA



Víctor Blaya Quero 'Charico' ha sido el mejor cantaor que ha brotado entre los jóvenes granadinos. Casi cinco años después de su prematura desaparición, nadie lo ha superado en profundidad cantaora

Por la cuesta del Chapiz trepan los corazones camino del hermoso barrio del Albayzín. En esos angostos callejones, empedrados y sinuosos, se erigen casas de una blancura espectacular, cármenes rodeados de vegetación y fatigosas cuestas que desembocan en miradores de unas impresionantes vistas hacia la monumental ciudad de la Alhambra, Granada y la vega. En medio de tanta armonía paisajística es imposible que no hayan surgido pintores, poetas, escultores y, por supuesto, inmensos flamencos de solera que, inspirados, cantaron a esta tierra con el grito hilarante de su majestuosidad sonora. Algunos, simplemente, pasaron. Otros, dejaron una huella imborrable, como es el caso de Víctor Blaya Quero, Víctor Charico para la afición, nacido en Granada en 1979 y fallecido a muy temprana edad en 2008. 

El paso de Víctor Charico sobre la tierra fue tan leve que cuando nos quisimos dar cuenta, ya se había ido cantando por seguiriyas hacia otra dimensión, y nos había dejado rotos. Nietszche, resumió la vida artística de nuestro personaje mucho antes de que este viniera al mundo: "Dí tu palabra y rómpete". Charico, como otros grandes genios que se fueron temprano (Lorca, Camarón, Kurt Cobain, Mercury…), dijo su palabra y se rompió en mil pedazos. Y rota dejó a la afición, y huérfanas de hijo dejó a dos Pepas desconsoladas, ángeles que se deshacían en lágrimas en las faldas de su cielo albayzinero. 

Hay unanimidad entre quienes le escucharon: Charico ha sido la voz más flamenca, más musical, más profunda, más enérgica, más vigorosa, con más brío, brillo, sonido, textura, flamencura, jondura, quejío, pellizco, que ha parido esta tierra desde Juanillo 'El Gitano'. Él paseaba las calles, frecuentaba las peñas flamencas, los tablaos, las tabernas, ajeno a los comentarios, ajeno a las adulaciones y mucho más ajeno a las insanas envidias que despertaba entre más de un compañero. 

El perfume de las flores del mal lo embriagó varias temporadas de su vida, las mil y una noches cantándole a la luna, le doraron la voz y afilaron su sentido del compás. El amor, el desamor, el desengaño, un corazón demasiado sensible, un mundo que no comprendía, las frustraciones, su alma de niño grande, lo condenaban temporalmente a grandes dudas, a momentos en los que se autoexiliaba del flamenco y lo flamenco y se dejaba llevar por el vinagre romántico de su juventud, en un pulso constante entre la vida y la muerte, entre el arte y el silencio, entre él contra sí mismo. 

Trabajaba religiosamente en los bares que su familia regenta en el Albayzín, siempre escuchando flamenco, siempre buscando nuevas formas que le acariciasen su prodigioso oído. Y allí seguimos acudiendo, a los bares 'El ladrillo', para reencontrarnos con el recuerdo del amigo, del mejor cantaor de nuestra generación, de aquel que se despidió de nosotros cantando una noche por fandangos en Montefrío, con la guitarra de Marcos Palometas, y nos lanzó mensajes canoros que no alcanzamos a descifrar. 
Enrique Morente había puesto esperanzas en él. Capullo de Jerez y El Torta, se rasgaban las vestiduras cuando arrancaba a cantar por soleá o por bulerías, al más puro estilo jerezano, la encomiable crítico de flamenco Estela Zatania advirtió en él un talento fuera de lo normal, lo llevó a Morón de la Frontera y ponía los cantes de Charico en la radio de Jerez. En 2004 Charico puso bocabajo el Festival de las Minas de La Unión, donde se alzó con 2 primeros premios y, en bastidores, se granjeó la admiración de un joven Pitingo que lo perseguía incansablemente para escucharlo ensayar, hacer voz y templarse. 

Dijo su palabra y se rompió. Esta tierra que, aunque nos duela, se muestra siempre indiferente y maldita con sus artistas, características propias de la decadencia de finales del XIX que aquí permanecen inmutables, no ha puesto al joven genio albaicinero en el lugar que se merece. Por desgracia no hay grabaciones discográficas de Charico, aunque sí existen testimonios sonoros y gráficos de algunas de sus actuaciones en directo. Pasarán muchos años para que nazca, si es que nace, una voz con tantas facultades como la suya. Quienes tuvimos el inmenso privilegio de escucharlo, jamás podremos olvidar el prodigio de aquel eco profundo, genial e inimitable.

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